|
Muchos habéis empezado o empezareis pronto el tiempo de vacaciones estival. Por eso al leer las lecturas de la misa del próximo XVI Domingo del T.O., me ha dado alegría ver la reacción que tuvo el Señor, cuando los apóstoles regresan cansados de su misión. Nos dice san Marcos que como había tanta gente, hasta el punto de que no encontraban tiempo ni para comer, el Señor, viendo el cansancio de los suyos, les dice: Venid vosotros a un sitio tranquilo a descansar un poco. Hasta aquí, todo muy bien. Salen en busca de un lugar sosegado donde poder reposar con calma… Pero cuando llegan allí, al desembarcar, les estaban esperando un montón de gente que quieren seguir escuchando la Palabra del Maestro. Y ¿qué hace entonces Jesús? Pues nada, como siempre…, tuvo lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma… ¡Pero Señor, ¿es que nunca piensas en ti?! ¿Es que, no estabas tú más cansado que los propios apóstoles, antes de que llegaran? Me quejo Señor, pero ¡qué bonito es esto! No deja de maravillarme considerar como todo un Dios se ha fijado en mi, que andaba como oveja sin Pastor, y me ha mirado con ese mirar cariñoso, tan suyo, y se ha agachado hasta hacerse mi Buen Pastor, y levantarme del lodazal en el que me había metido. ¿Seré yo capaz de imitarle y, olvidándome de mí, mirar así a los demás? ¡Madre de la Misericordia! Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y ayúdanos a mirar así al mundo, con Amor, con la luminaria de la fe y del Amor. Y como mañana es la Virgen del Carmen, también deciros que cuando era adolescente y me impusieron el escapulario de la Virgen del Carmen, me explicaron que llevaba aparejada la promesa de que quien lo llevaba puesto no moriría en pecado mortal. Años después, el alguna charla, me pareció entender que la Virgen María saca del Purgatorio, el sábado después de su muerte, a quien muere llevando el escapulario. Llevo desde entonces el escapulario, y no quiero quitarmelo por nada del mundo. Se me ha roto, lo he perdido, he tenido alguna temporada sin llevarlo puesto, pero siempre termino con él en mi cuello, y ahora mismo lo toco con alegría. Que ¿por qué? Pues, porque es como si llevara una dulce cadena con el nombre de mi Dueña. Es mi signo de mi pertenencia a María. Cada vez que lo siento en mi pecho, me siento feliz de haber entregado mi vida en mi sacerdocio. Si, pienso que puedo decir que: “Soy de María”. Eso significa mi escapulario del Carmen. Que, ¿por qué? Pues, porque mi escapulario del Carmen está gritando silenciosamente a la Madre de Dios, que no quiero pisar el Purgatorio por nada del mundo. Cuantas más vueltas le doy, menos me apetece… ¡Vamos! que, después de pasarme la vida deseando con toda mi alma ver al Señor y darle un abrazo… Luego me muero y me dicen: “¡Anda, majo, siéntate aquí, y a esperar tranquilito, que solo te quedan un par de siglos!”… Pues ¡No! ¡Que a mí no me quita el escapulario del Carmen ni la Guardia Civil! FUENTE: http://rsanzcarrera.wordpress.com/2009/07/15/mi-buen-pastor-y-mi-escapulario-del-carmen/ |